miércoles, 20 de junio de 2012

Puruncienta...


Erase una vez, en un poblado bello y acogedor, una lugar lleno de encantos y atravesada por 4 ríos, situada en un valle de los tantos de ese país paradisiaco…
La princesa temía, tenía las alas rotas porque a veces así sucede, a veces se entrega el corazón a quien no se debe.
Se tapaba bajo un manto de rebeldía la princesa, así su coraza escondía la dulzura de su alma, sus piercings, sus cabello enmarañado la confundían entre los habitantes del poblado.
Conocía el amor porque lo había entregado y perdido, se sabía totalmente su dolor y desconfiaba, creía que la felicidad no la merecía y que nadie la podría amar como en los cuentos de hadas, creía que el amor era una palabra poderosa que así como puede construir la mejores historias también puede destruir a quien lo siente y es defraudado.
Pensaba con tal credulidad en su mal que ningún guerrero era digno para ella y su negro corazón. Todos parecían muy nobles y ella tan inmoral.
Puruncienta era su nombre yo la recuerdo, aunque solo la vi por cámara y fotografías, leía su twitts a menudo y su poesía, la llamaba a veces y su voz la atrape de las veces que en celular la oía, era tan bella, dulce y apasionada.
A veces pero solo a veces uno se enamora de la esencia de otra persona, por lo general son los amoríos por contactos visuales repetidos o por la cercanía tan cercana de dos seres en una mismo circulo social o por la continuidad de sus encuentros, por los conciertos, las salidas al cine, instantes de arte y dialogo prolongado, pero conmigo era distinto, sus ojos no se habían encontrado con los míos, ni su boca permaneció a milímetros de la mía, tan solo fueron virtuales las pláticas…
cada mañana la buscaba frente a ese monitor insensible, la acariciaba con los diez dedos deslizándose por el teclado y no podía disimular ese cosquilleo recorriendo mi panza cuando se conectaba, recuerdo haber sido su amigo, escuchar sus desdichas, dar mi punto de vista, reconfortándola…
pero no lo lograba, no la entendía, los días pasaban y de quererla pase a necesitarla y con los días a amarla, mientras ella no me quería...
y pasaron los días, las horas a través de interminables minutos por celular o computadora se volvieron enredada compañía y la quería y me quería ella con el pasar de las horas, con el pasar de las horas...


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