Puruncienta...
Erase una vez, en un poblado
bello y acogedor, una lugar lleno de encantos y atravesada por 4 ríos, situada
en un valle de los tantos de ese país paradisiaco…
La princesa temía, tenía las
alas rotas porque a veces así sucede, a veces se entrega el corazón a quien no
se debe.
Se tapaba bajo un manto de
rebeldía la princesa, así su coraza escondía la dulzura de su alma, sus
piercings, sus cabello enmarañado la confundían entre los habitantes del
poblado.
Conocía el amor porque lo había
entregado y perdido, se sabía totalmente su dolor y desconfiaba, creía que la
felicidad no la merecía y que nadie la podría amar como en los cuentos de
hadas, creía que el amor era una palabra poderosa que así como puede construir
la mejores historias también puede destruir a quien lo siente y es defraudado.
Pensaba con tal credulidad en
su mal que ningún guerrero era digno para ella y su negro corazón. Todos parecían
muy nobles y ella tan inmoral.
Puruncienta era su nombre yo la
recuerdo, aunque solo la vi por cámara y fotografías, leía su twitts a menudo y
su poesía, la llamaba a veces y su voz la atrape de las veces que en celular la
oía, era tan bella, dulce y apasionada.
A veces pero solo a veces uno
se enamora de la esencia de otra persona, por lo general son los amoríos
por contactos visuales repetidos o por la cercanía tan cercana de dos seres en
una mismo circulo social o por la continuidad de sus encuentros, por los
conciertos, las salidas al cine, instantes de arte y dialogo prolongado, pero
conmigo era distinto, sus ojos no se habían encontrado con los míos, ni su boca
permaneció a milímetros de la mía, tan solo fueron virtuales las pláticas…
cada mañana la buscaba frente a
ese monitor insensible, la acariciaba con los diez dedos deslizándose por el
teclado y no podía disimular ese cosquilleo recorriendo mi panza cuando se
conectaba, recuerdo haber sido su amigo, escuchar sus desdichas, dar mi punto
de vista, reconfortándola…
pero no lo lograba, no la entendía, los días pasaban y de quererla pase a necesitarla y con los días a amarla,
mientras ella no me quería...
y pasaron los días, las horas a
través de interminables minutos por celular o computadora se volvieron enredada compañía y la quería y me quería ella con el pasar de las horas, con
el pasar de las horas...

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