Te dibujas en el humo de mi
tabaco cómplice de esta soledad,
el mar derrepente me mira y
me seduce, me convida a entrar,
seducido por sus formas
infinitas y su sonido hipnotizante
caigo en sus brazos
complacido, abrazado a su espuma, cargado con su arena,
su amargura no es más amarga
que la mía, su sal no me repugna esta vez,
me golpeas con tu oleaje
salvaje, me ahogas entre tus brazos eternos
y tu canto y tu rima y tu
son se apagan entre mis oídos,
no tengo guerra contra este
paso inminente…
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